VI
Dentro de la cueva, la tormenta era un vago y lejano murmullo. Una tormenta con esa intensidad quizá durara días, pero ese refugio era un lugar inesperadamente grande y preparado para resistir la adversidad. Se encontraban sentados en el centro, alrededor de un pequeño fuego, vigilando las paredes y pasillos en penumbras. Sin dejar de vigilar, Dalia se dirigió por primera vez a Gringa:
—¿Quién es ese hombre y por qué es tan valioso para que lo proteja día y noche? He visto madres que abandonan a sus hijos en situaciones similares y nadie cuestionaría esa decisión.
—Simplemente siento la necesidad de cumplir con la palabra que empeñé. No lo conozco particularmente.
—Pero imagino que reconoce la importancia que tiene este joven en su sociedad —, dijo el anciano.
Gringa se sintió amenazada. Los otros prestaron atención.
—Cuando nos acercamos al Domo —prosiguió el anciano —, el contacto que nos mencionó Gringa nos explicó que habíamos llegado en el peor momento en años. El joven que iba a ocupar el cargo de Gestor General del Domo, el cargo más importante dentro de la sociedad, había sido asesinado y se estaba buscando sin descanso al criminal. Por eso las patrullas de vigilancia habían multiplicado su accionar y estaban a punto de salir del tercer anillo para comenzar a buscar en la periferia. Finalmente, nos confesó que el accionar implacable de la guardia respondía a la incertidumbre: no sabían si realmente había muerto ya que él, o su cuerpo, fueron secuestrados inmediatamente después del atentado.
Hay un precio por la información, hay un precio más alto aún por llevar el cuerpo ante las autoridades. Descuide, como le dije anteriormente, a nosotros no nos importan las recompensas, pero es necesario explicar la situación a todo el grupo. Algunas personas sí estarían interesadas en el beneficio material y eso puede generarnos riesgos, es por esto que lo planteo.
—¿Es la persona que están buscando? —, preguntó Tuna
—Así es —Dijo Gringa, resignada —. Daniel es intensamente buscado por el nivel central del Domo, pero no para rescatarlo sino para terminar el trabajo que iniciaron. Fueron ellos quienes intentaron asesinarlo.
Sus palabras generaron un breve silencio que la mujer no supo interpretar. Encontrándose sin opciones, decidió responder con la verdad.
—Daniel es la persona más singular que vive en el nivel central. Entre otras cosas, porque tiene una cicatriz en el rostro —Gringa corrió el pelo del rostro de Daniel para revelar una cicatriz vertical que atravesaba el lado derecho del rostro desde la frente hasta el mentón —. Nadie en ese nivel tiene cicatrices de ningún tipo en ninguna parte del cuerpo. Otra rareza es su cabello corto. Las personas que viven en el centro ostentan cabelleras largas y limpias como símbolo de cercanía a la fuente de agua. Nadie en los otros anillos puede sostener la higiene que resulta natural en el centro. Le corté el pelo con un cuchillo para poder disimularlo entre la gente y de esa forma sacarlo de ese lugar.
Pero la cuestión del cabello es secundaria, mientras que la cicatriz es central. La cicatriz tiene que ver con el cargo que estuvo a punto de ocupar, con su intento de asesinato y también está relacionada íntimamente con este lugar —dijo señalando las paredes que los protegían.
—¿Por qué lo quisieron matar? —, preguntó el gigante silencioso que adivinó la intención digresiva de la mujer.
—Para responder a esa pregunta debo explicar con más detalle el funcionamiento del Domo. Me temo que no seré breve.
—La tormenta será larga —respondió el anciano —. Tiempo es lo que nos sobra.
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