Entradas

XLIII

  La marcha del Artefacto era firme. Algunos minutos después de la partida, aquel lugar trascendental para tantas personas era apenas una elevación disimulada en el horizonte. Daniel miró hacia atrás por última vez con la certeza de que el alejamiento no sería definitivo. Volvería, tal como lo prometió, y no lo haría sólo. Desde la elevación, Lika los vio convertirse en un punto en el horizonte cada vez más pequeño hasta finalmente perderse en la inmensidad. La acompañaba la certeza del reencuentro y la seguridad de que no estaría sola para recibirlos.  El paisaje en el que casi nada crece debía ser correctamente dibujado en el mapa.  — ¿Cómo lo llamaremos? —consultó Laszlo —Los viajeros mencionan este lugar con el nombre de Pampa —Pampa será, entonces —dijo Daniel.  Tomó uno de los objetos de Laszlo y, con pintura roja, comenzó a escribir el nombre del territorio en un rincón del Artefacto. Laszlo, atento a cada trazo, comenzó a replicarlo en el mapa.  FIN

XLII

  La tormenta finalmente terminó. La noche no era un escenario seguro para avanzar con el Artefacto, por lo que decidieron comer y descansar hasta que el sol saliera para retomar el viaje. Lika se sentó al lado de Daniel y Gringa se alejó de su lado para que pudieran hablar con tranquilidad. Se sentaron unos momentos en silencio mientras comían, frente a frente. Daniel se sintió en la obligación de hablar: —Creame, Lika —le dijo a la joven, honestamente apenado —creame cuando le digo que lo intenté con todas mis fuerzas. Organizamos equipos, repartimos tareas, quisimos sinceramente cambiar el Domo. Jamás olvidé a los nuestros. Jamás olvidé a Alba. Imagino que es por eso que intentaron asesinarme.  —Hallará paz si, en lugar de huir, decide quedarse aquí, reunir fuerzas y enfrentarse a sus enemigos. —Temo que desde el Domo envíen fuerzas a buscarme. No podría resistir otra muerte por mi culpa.Venga conmigo, Lika. —No. Entiendo la oferta, y también los riesgos de rechazarla. Pref...

XLI

  La tormenta arreciaba en la superficie y las cuevas ofrecían una oportunidad para descansar y reparar el Artefacto. Sin embargo, el grupo nómade, que siempre había viajado unido, se encontraba ahora en alerta frente a la presencia de tres extraños en muy poco tiempo. Fingir era inútil: la tensión se palpaba en el aire cerrado de la cueva, sobre todo después del episodio del fuego. Alazán y Tuna comenzaron a buscar ramas para encender una hoguera, con la esperanza de cocinar e iluminar el ambiente. Lika, que volvió junto con Daniel y las provisiones, se los prohibió: —El secreto es la única razón por la que este lugar permanece a salvo. La última vez que el secreto fue revelado, miles de vidas se perdieron. El humo de una fogata de grandes proporciones delataría nuestra presencia y los accesos a este refugio. Estas galerías ya tuvieron suficiente fuego. —La tormenta disipará el humo, nadie podrá verlo —dijo Alazán. —No se hará un gran fuego en estos túneles. La comida que coseché ...

XL

  Lika percibió que las penumbras, en las que ella se movía a diario con total naturalidad, hacían que Daniel tropezara a cada instante, avanzando con paso incierto. La mujer tomó una vieja antorcha y la encendió con destreza. —Tome. Ha pasado demasiado tiempo viendo el sol. Daniel caminaba con la antorcha apenas por detrás de ella. Así pudo advertir que el fuego también había dejado marcas en una de sus piernas. Recordaba que Lika tenía unos diez veranos más que él, pero la vida la había transformado, en su interior, en una anciana que cargaba con cientos de vidas. El joven pensó que ningún alma del mundo se parecía tanto a la suya. No podía dejar de pensar que era extrañamente hermosa. Su cuerpo era fuerte y determinado, y su mirada se le presentaba como un espejo de la suya, sólo que ahí donde él reflejaba dudas, en ella se imponía la determinación. Finalmente llegaron a una huerta enorme, capaz de alimentar a cientos de personas. Las paredes aún guardaban la memoria del fuego q...

XXXIX

  La sorpresa se apoderó de todos, excepto de Laszlo quien, cuchillo en mano, intentaba descubrir de dónde provenía la voz. Pero el entramado de cuevas y túneles multiplicaba los ecos haciendo imposible identificar su procedencia. Como un cachetazo del tiempo, Daniel recordó su infancia de voces bajas junto con la amabilidad en los ojos de cada persona con la que se había cruzado. —Demasiadas vidas se han perdido en este lugar para que la huida sea la salida. Es su obligación, Daniel. Es su deuda. El dolor de las palabras le recordó aquella herida que había intentado olvidar: la herida de un alma rota por saberse íntimamente responsable de la matanza de buenas personas. Las posiciones de defensa estaban ensayadas y formaban parte del instinto de cada integrante del grupo, que frente al peligro funcionaba como un único organismo vivo. El grupo se organizaba alrededor del mapa, que había quedado en el centro como lo más preciado a proteger. Daniel permanecía en su sitio, desprotegido...

XXXVIII

  A los ojos de Daniel, la existencia del grupo solo podía explicarse en el marco de la duermevela en la que vivía desde el despertar posterior al intento de asesinato. En esos términos aceptaba la idea de que hubiera humanos capaces de atravesar el desierto desafiando a la muerte segura y, entre tantos, la existencia de aquellos que lo habían cobijado junto con Gringa. Hasta el momento no había tenido contacto con ninguno de los cuatro miembros restantes. Solo Gauna parecía interesado en conversar; el resto se limitaba a cumplir funciones específicas, manuales, durante la mayor parte del tiempo. Daniel pensaba que la barbarie y la constante lucha por la supervivencia habían borrado en ellos la costumbre de la digresión que representan las conversaciones. El contexto los había reducido a la mera supervivencia. Hasta que vio a Laszlo, quizás el más brutal dentro de aquella barbarie, con el mapa. Al principio, Daniel no comprendió a qué dedicaba tanto tiempo y concentración. Lo obser...

XXXVII

  Daniel finalmente despertó, aunque no estaba seguro de ello. Despertar en el pasado no es realmente despertar, sino soñar con un recuerdo. Despertar entre desconocidos tampoco lo es del todo, sino continuar en un sueño donde los rostros se desdibujan. Permaneció en silencio, con los ojos abiertos pero sin dar señales de su vigilia a quienes lo rodeaban. Una mujer dormía a su lado, muy cerca, y supo que pertenecía al Domo, aunque no podía ver su rostro para identificarla. El lugar en que se encontraba era, sin dudas, el sistema de cavernas donde había crecido. Su cabello era corto, como cuando era niño. Sin embargo, comprendió que no se trataba de un sueño del pasado cuando advirtió que lo único que quedaba de la comunidad eran paredes en ruinas. Ese detalle lo obligó a asumir la situación como real e intentar recapitular lo que sabía para analizar el presente. Recordaba el incendio de su infancia, el plan revolucionario, el intento de asesinato. Recordaba que su madre era la ases...