Entradas

Mostrando las entradas de enero, 2026

VII

  Ante la atenta mirada de los cinco integrantes del grupo, Gringa no tuvo más remedio que proseguir: “Cómo ya les mencioné, el Domo tiene una capacidad para exactamente 5000 asociados. Toda la organización está prevista en función de ese número. Esto requiere de medidas para garantizar que no exista sobrepoblación. Entre ellas, la gestión de la natalidad y de la mortalidad. Cuando un asociado llega a los 60 años de edad es el momento del sueño definitivo . La sociedad lo despide con una última reunión en la que se celebra su vida y posteriormente se lo prepara para el final. Una infusión de hierbas combinadas lleva al asociado a ingresar en un sueño apacible del que nunca despierta. Dos días después, el cuerpo sin vida es tratado por perfiles específicos que se encargan de prepararlo para su retorno a la tierra convertido en abono para contribuir al desarrollo de los cultivos. Es por esto que a la muerte se la llama “abonar la tierra” y no creemos que alguien muera realmente; tant...

VI

  Dentro de la cueva, la tormenta era un vago y lejano murmullo. Una tormenta con esa intensidad quizá durara días, pero ese refugio era un lugar inesperadamente grande y preparado para resistir la adversidad. Se encontraban sentados en el centro, alrededor de un pequeño fuego, vigilando las paredes y pasillos en penumbras. Sin dejar de vigilar, Dalia se dirigió por primera vez a Gringa: —¿Quién es ese hombre y por qué es tan valioso para que lo proteja día y noche? He visto madres que abandonan a sus hijos en situaciones similares y nadie cuestionaría esa decisión. —Simplemente siento la necesidad de cumplir con la palabra que empeñé. No lo conozco particularmente. —Pero imagino que reconoce la importancia que tiene este joven en su sociedad —, dijo el anciano. Gringa se sintió amenazada. Los otros prestaron atención. —Cuando nos acercamos al Domo —prosiguió el anciano —, el contacto que nos mencionó Gringa nos explicó que habíamos llegado en el peor momento en años. El joven qu...

V

  La tormenta era cada vez más fuerte y el vehículo avanzaba con una creciente dificultad. Gringa temía por su vida, porque el refugio al que los enviaba llevaba muchos años deshabitado y no sabía si las condiciones climáticas lo habrían destruido. Si los enviaba a un lugar inhabitable, no sabía cómo reaccionarían. Pero primero tenían que llegar, y ese era su principal temor. Ella nunca había estado allí. Ni siquiera lo había visto. Sin embargo, si lo lograban, quizá sobrevivirían al desierto. En esas cavilaciones se encontraba cuando el anciano se sentó a su lado. Parecía tranquilo. —Cuando llegamos a las afueras del Domo, a pesar de la tormenta, pudimos apreciar la precariedad de su forma de vida. Apenas vislumbramos el muro que lo separa del otro anillo, pero creímos percibir que no es imposible de atravesar. ¿Con qué fuerzas cuentan para evitar que vulneren esa defensa? —Lo que ustedes vieron no fue el muro, sino la acumulación de desechos de los antiguos que los habitantes de...

IV

   La mañana del segundo día luego de la partida de los caminantes, un ruido de metales proveniente del exterior de la máquina la despertó. Gringa encontró a Tuna generando un espacio entre dos de las placas que conformaban el escudo protector para darle paso a los tres viajeros que volvían, increíblemente, en medio de la tormenta. Pudo verlos entrar y descubrir que iban completamente cubiertos por una enorme manta con capucha, algo que no había notado cuando se fueron. Al descubrirse la cabeza, observó que traían el rostro y conservaban los objetos que protegían sus ojos. Los dos más jóvenes ayudaban al anciano, pero no demasiado. Aparentemente, podía moverse con seguridad en medio de aquella tormenta. Era evidente que la experiencia les permitía sortear con habilidad la crueldad de la naturaleza. Dalia y Tuna se acercaron al grupo. Gringa, sin saber qué hacer, mantuvo su lugar en el interior del vehículo. Desde allí escuchó con claridad la conversación entre los guardianes y...

III

                 La sorpresiva tormenta de arena les permitió acercarse más al Domo con la máquina sin ser vistos. Aún así, el vehículo se detuvo a una distancia prudencial.  Parecía imposible de atravesar a pie semejante manifestación de la fuerza de la tierra. Cuando el anciano, el gigante y el tercer hombre de la caravana salieron en medio de la tormenta, Gringa supuso que no volvería a verlos. Nadie podía sobrevivir a semejante horror de viento y arena. Su destino y el de Daniel eran, por tanto, aún más inciertos: ¿qué pasaría si el anciano no regresaba? Daniel seguía inconsciente, en parte por la gran cantidad de sangre perdida y también por las raíces relajantes que, en la proporción que Gringa había preparado, lo llevaban a un estado de sueño inducido que le daba alguna chance de reponerse.  Gringa no había pensado en la posibilidad de sobrevivir. Creyó que su destino era que Daniel sobreviviera al atentado pero muriera ...

II

  II En el Domo era sabido que la única forma de vida civilizada se desarrollaba dentro de sus muros. La intemperie era la barbarie y la muerte. De hecho, como castigo ante una falta grave en su interior, se le ofrecía al infractor la posibilidad de optar entre el destierro o la muerte. Esto muy rara vez sucedía, pero en las raras ocasiones en las que este tipo de castigo fue necesario, los condenados siempre eligieron la muerte.  La elección era entendible por dos razones. Por un lado, era indoloro: Se trataba de un sueño del que ya no se despertaba. Por el otro, aportaba a la sociedad: el cuerpo muerto era utilizado como abono para las plantaciones que proveían casi la totalidad de los alimentos. Este tratamiento final de los cuerpos sin vida era igual para cada ser vivo que dejaba de estarlo dentro el Domo.  Elegir el exilio era también elegir la muerte, aunque de una manera horrible. Se consideraba que nada sobrevivía fuera de sus muros debido a la falta de agua, de a...