XI

 


Una vez que estuvo repuesta y alimentada, amablemente se le solicitó que los acompañara a un consejo. Alba no sabía de qué se trataban los consejos, pero le dijeron que ahí encontraría al niño, por lo que fue inmediatamente con ellos.

Enseguida entendió la razón por la que todas las personas hablaban en voz baja. Las cuevas provocaban un eco que complicaba la comunicación en las conversaciones. De hablar en voz muy alta, las voces se volverían ruido y no comunicación.

El consejo era enorme. Presumiblemente, era la cueva más grande de todo el sistema. Se sintió intimidada por la cantidad de gente presente que hablaba entre sí y generaba un murmullo ininteligible.

—Le damos la bienvenida a nuestro hogar.  Mi nombre es Gladia. Es la primera vez en muchos años que aceptamos a una persona del exterior. Eso genera tensión entre nosotros. Esa es la razón de esta reunión, a la que llamamos consejo. Periódicamente, nos reunimos para tratar todas las temáticas relacionadas con nuestra comunidad y, en este caso, el tema central es usted. Más allá de su indefensión y la de su niño, la posibilidad de que constituyan una amenaza se encuentra latente entre nosotros. Por eso le pedimos que nos explique quién es, de dónde viene, quién es el niño, si su presencia en este lugar es obra de un accidente, o si de alguna manera sabía de nuestra existencia.

—Mi nombre es Alba. Provengo del segundo anillo del Domo. Es una sociedad que queda a pocos días de aquí.

—Conocemos el Domo. ¿Por qué no está en él? Tenemos entendido que nadie puede salir a menos que sea exiliado o esté decidido a no volver.

—Quienes gobiernan ese lugar me arrebataron a mi niño para posteriormente asesinarlo. Este hecho fue realizado en contra de toda norma establecida. Mi hijo era legítimo y era mi derecho tenerlo, era mi propiedad. Sin embargo, lo asesinaron para cubrir el futuro nacimiento no legitimado de la Gestora General del nivel central.

—¿Así le dicen a su líder?

—Sí. Ella es la persona con mayor poder de todo el Domo.

—¿Cómo explica la presencia de este niño?

—Tomé al hijo ilegítimo, legitimado a base del asesinato del mío, y escapé de ese lugar. Es mi propiedad por derecho y el vínculo que establecimos durante estos días es muy fuerte, casi absoluto.

—Por sus dichos observamos que el Domo no ha perdido su individualismo ni su tendencia al asesinato.

—¿Conoce el Domo?

—Sí. Pero no es un tema para debatir en este consejo. La pregunta crucial que queda por responder tiene que ver con su presencia en este lugar. Nosotros los encontramos y trajimos, pero ¿sabía de nuestra existencia?

—Una antigua mujer que vive en la periferia asegura haber sido nacida y criada en este lugar. Viajó hace ya muchos años hacia el Domo en busca de venganza y pasó allí toda su vida motivada por ese fin. Cuando escuchó la historia, me contó de este lugar. Creo que reconoció en mi huida la posibilidad de finalmente vengarse del Domo.

—Conocemos la historia. Un grupo de jóvenes decidió partir hacia allá hace muchísimos años. La incapacidad de perdonar los motivó a partir. No pensaba que algún integrante del grupo siguiera con vida.

Otra voz interrumpió la conversación para preguntar.

—¿A cuántas personas les contó la historia de este lugar?

—Sólo a mí. Nunca la había contado antes.

—Y si dan con ella, ¿piensa que puede contarle la historia a alguien del poder?

—Teniendo en cuenta el grado de odio que acumuló a través de tantos años, imagino que se arrancaría la lengua antes de hablar.

—Lo que la mujer dice es una conjetura. El hecho no deja de tener una peligrosidad latente —dijo otra voz. Gladia fue quien le respondió.

—Es la misma peligrosidad que existió durante muchísimos años. La mujer está en ese lugar desde antes de que nosotros naciéramos. Sin embargo, mantuvo un silencio hermético durante todos estos años. No creo que esto cambie con las nuevas circunstancias.

—Sin embargo, estas no son circunstancias normales. Esa mujer pudo vivir perdida en la periferia porque nadie buscaba datos al respecto.

—Sonreirá frente a sus perseguidores, con la certeza de que morirá sabiendo algo que ellos necesitan. Esa será su venganza.

El consejo se extendió por un tiempo largo, mucho más de lo que solían hacerlo. Esto, claro, Alba no lo sabía. La extensión era acorde a lo extraordinario del evento y a la multiplicidad de posturas encontradas. La mujer escuchaba atentamente lo que decían alrededor pero su mente estaba en otra parte. Estaba pensando en qué haría en caso de ser obligada a salir de ese refugio.

Finalmente, la líder del consejo se dirigió nuevamente a ella, con la misma amabilidad del comienzo.

—Hemos decidido aceptarlos en nuestra comunidad, siempre que ese sea su deseo. El crimen del Domo es algo que repudiamos y expulsarlos significaría asemejarnos a ellos. La historia de nuestra comunidad comenzó a partir del odio de quienes robaron salvajemente el territorio que hoy llaman Domo y el agua sobre la que se funda. No vamos a permitir que nuestro miedo nos emparente con esos asesinos. Sin más, les damos la bienvenida, en caso de que acepten formar parte de nuestra comunidad.

—Ese es mi deseo, señora.

—En ese caso, es importante que entienda que esta comunidad se organiza en base a una serie de reglas que todos respetamos. Imagino que el Domo tiene las suyas, pero las que aquí nos rigen no buscan la conservación del poder en pocas manos. Los consejos como éste son una muestra de lo que decimos. Todos tienen voz y voto en las decisiones que involucran a la comunidad. Nuestro compromiso es guiarla en nuestra forma de vida; el suyo, aprender y respetar.

—Así lo haré, Gladia.

—En lo que respecta al niño, para nosotros no hay ninguna razón  para no considerarlo su hijo. Así serán tratados, usted como madre y él como hijo. Le pediremos a cambio que nos brinde alguna información específica sobre la vida en el Domo. Varias personas presentes temen posibles represalias que puedan tomar desde allí por haber ocultado a un niño tan importante para ellos. Por eso necesitamos prepararnos para un posible ataque y es por esto que necesitamos su ayuda. Teniendo datos precisos podríamos anticiparnos a sus ataques y defender nuestro hogar. Bienvenidos, Alba y Daniel.

—Gracias, señora y gracias, consejo. Nuevamente, nos han salvado la vida.

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