XXXV
La multitud se volvió una marea de silencio cuando Diana subió a la tarima más elevada de la estructura construida especialmente para la asunción. Lo que dijo no fue ninguna novedad, consituyó la formalización de lo que todo el centro había aceptado previamente. Podría decirse que la asunción se produjo meses antes, en el agua del estanque.
La novedad fue la evidente dificultad de la Gestora para asumir su rol con la fría amabilidad que la caracterizaba. Visiblemente, luchaba contra sus emociones. Obligada por esta afectación, dio un breve discurso repitiendo aquello que ya había dicho muchas veces, en cada reunión frente a cada asesor, sobre el peligro inminente que atravesaba el Domo y la necesidad de dar un giro en la gestión para restaurar el entusiasmo y la armonía. La seguridad que solía demostrar cada vez que hablaba estuvo ausente esa tarde.
A la hora de presentar a Daniel como nuevo Gestor del Domo, no pudo contener su emoción. Entre lágrimas dijo:
—En este acto les hago entrega de mi propiedad, lo más preciado que tengo y que tanto me costó recuperar, para enfrentar el desafío más importante que el Domo recuerde. Su vida, cargada de sufrimiento por tantos años, lo hermana con aquellos que más sufren en estos momentos carentes de entusiasmo. Confío plenamente en que sus dolores pasados se transformen en nuestras alegrías futuras y que, gracias a su sacrificio cotidiano, recuperemos nuevamente la paz y la armonía.
Y no dijo más porque el llanto la interrumpió. El aplauso sincero, conmovido de los presentes fue el pie para que Daniel subiera a la tarima y recibiera el abrazo envuelto en llanto de Diana. Este gesto, que todos los presentes relacionaron con la emoción de una asociada al ver triunfar a su propiedad, fue para Daniel la confirmación de que todo había terminado. La gestora saliente dejó protocolarmente la tarima y se sentó en su asiento asignado en primera fila para escuchar el primer discurso de su hijo.
Daniel no vio al tirador y quizá no escuchó el estruendo. Tal vez el asombro ante el impacto, previo al dolor, concentró todos los sentidos. Allí, frente a todos, a punto de anunciar el cambio más radical de su mundo, recibió una herida de muerte causada por la misma extraña arma que asesinó a su procreador.
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