Entradas

XXXVI

  Los guardias comandados por Torres vencieron rápidamente el asombro y acudieron a cubrir a Daniel. No podían separar a su hermana del cuerpo, por lo que el jefe de guardias decidió trasladar a ambos a una habitación contigua. Cala, que durante la asunción había estado en una posición privilegiada por pedido expreso de Felicidad, logró abrirse paso hasta la comitiva que transportaba, en medio del caos, al Gestor General que no llegó a serlo. La hermana, en medio de su desesperación, alcanzó a verla y forcejeó con los guardias hasta que pudo tomarla con fuerza de la mano y arrastrarla junto a ellos a la habitación.  Felicidad miró a Torres y, con firmeza, le ordenó: —Que no entre nadie. En especial, Diana. Iba a desoír la orden de la joven para no contradecir a la Gestora General, cuando sus ojos se cruzaron con los de Cala. Su hija lo miró a los ojos con determinación y le dijo: —Fue la Gestora. Necesitamos todo el tiempo que pueda darnos. Torres vio en su hija a otra persona...

XXXV

  La multitud se volvió una marea de silencio cuando Diana subió a la tarima más elevada de la estructura construida especialmente para la asunción. Lo que dijo no fue ninguna novedad, consituyó la formalización de lo que todo el centro había aceptado previamente. Podría decirse que la asunción se produjo meses antes, en el agua del estanque. La novedad fue la evidente dificultad de la Gestora para asumir su rol con la fría amabilidad que la caracterizaba. Visiblemente, luchaba contra sus emociones. Obligada por esta afectación, dio un breve discurso repitiendo aquello que ya había dicho muchas veces, en cada reunión frente a cada asesor, sobre el peligro inminente que atravesaba el Domo y la necesidad de dar un giro en la gestión para restaurar el entusiasmo y la armonía. La seguridad que solía demostrar cada vez que hablaba estuvo ausente esa tarde.  A la hora de presentar a Daniel como nuevo Gestor del Domo, no pudo contener su emoción. Entre lágrimas dijo: —En este acto le...

XXXIV

  El anuncio de la fecha fue largamente celebrado y la ceremonia cuidadosamente preparada. Diana no mostró la más mínima señal de desconfianza hacia Daniel o Felicidad. Su hermana pensaba que habían actuado a tiempo desarticulando las conexiones antes de que los descubrieran. Daniel, en cambio, no estaba seguro: tenía la oscura sospecha de que su madre era más fría y astuta de lo que habían imaginado, y que la aparente locura de su empresa por rescatarlo era, en realidad, la otra cara de una mente extremadamente inteligente y calculadora. Aunque en varios momentos lo intentó, nunca pudo sentir cariño por ella. Daniel había decidido que sería durante su discurso de asunción cuando revelaría a viva voz la intención de dejar correr el agua, reivindicaría al pueblo masacrado y propondría a la sociedad una forma de vida más humana. A pesar de que no tenía conexión con los demás niveles, sabía que su discurso trascendería los muros rápidamente, confirmando que el plan estaba en marcha y ...

XXXIII

  Durante el día, Daniel era un alumno aplicado; durante la noche, planeaba con Felicidad los pasos para transformar el Domo. Discutían la estrategia de posicionarse como empleado fiel de su madre, con el fin de promover paulatinamente cambios e intentar convencer tanto a los asesores como a la propia Diana de la necesidad de llevar adelante proyectos que organizaran el Domo de manera diferente.  Felicidad pensaba que esa estrategia tendría un alcance limitado. Si la sola elección de Daniel bastaba para calmar al Domo, nadie del nivel central tomaría en serio los proyectos de un joven sin experiencia. Mientras su madre no cambiara de parecer e impulsara reformas, sus iniciativas no tendrían respaldo. Y ni Diana ni los asesores querían que algo cambiara: su objetivo era restaurar el orden perdido, ordenar a los revoltosos y fomentar el olvido, para así retornar a la solidez de una sociedad en la que cada quien cumplía una función. No. Las reformas debían darse de manera inmedia...

XXXII

  La muerte del asociado no provocó tristeza en Daniel. Desde su retorno al Domo, el papel que desempeñó dentro de la estructura familiar fue nulo. Así lo había decidido Diana. Sin embargo, su muerte aceleró el consenso entre los asesores del nivel central y Daniel se encontró, repentinamente, con la posibilidad concreta y, al mismo tiempo, cercana, de asumir su rol como Gestor General.  A medida que se acercaba el momento de la sucesión, Daniel se sentía cada vez más inseguro para asumir el cargo: —La sociedad finalmente lo colocará, hijo mío, en el lugar que merece. La tragedia del pasado, que provocó tantas miradas desconfianza hacia usted, terminará convirtiéndose en el elemento que le otorgue un lugar de privilegio. —Soy muy joven. No sabría qué hacer; no podría resolver los problemas del Domo. Es demasiada gente la que dependería de mis decisiones. —Nadie sabe qué hacer frente a una situación nueva. Sin embargo, nunca estará solo. Conmigo a su lado, será la cara visible ...

XXXI

  Una noche cualquiera, un hombre se desplazó por el nivel central envuelto en sombras y cubierto por un manto para encontrarse en la puerta del muro con alguien del otro lado, bajo la discreta protección del guardia de seguridad que ya estaba al tanto de la reunión. Esa misma noche, el hombre del primer anillo repitió la operación y habló con alguien del segundo anillo bajo la mirada cómplice de otro guardia; el hombre del segundo habló con alguien del tercero, quien finalmente dejó el Domo con la ayuda del último guardia para llegar a la periferia. Antes del amanecer, tres guardias y tres hombres no identificados habían hecho llevar un mensaje a la periferia, involucrándose, sin saberlo, en un plan riesgoso. Pocos días después, una mañana cualquiera, a la hora de los baños en el nivel central, un estruendo desconocido interrumpió las conversaciones relajadas de los asesores y la vida displicente de los habitantes. El desconcierto general sobre la causa de aquella explosión se vio...

XXX

  Cuando Diana resolvió proponer a su hijo como el próximo Gestor General, decidió hablar con Felicidad para asegurarse de que esta decisión no generara malestar en su hija. Hermana mayor de Daniel y sobresaliente en cada ámbito en el que se desenvolvía, Felicidad podría tomarse a mal no ser elegida por su madre para ocupar ese cargo. Sin embargo, Diana se tranquilizó al ver cómo su hija escuchaba con una sonrisa de sorpresa cada uno de los argumentos. Aunque solía ser reservada con sus emociones, en este caso la felicidad la desbordaba. —Es una sabia decisión, madre. Será un excelente gestor, quizás el único que pueda restablecer el orden que tanto necesitamos y de encauzarnos hacia presentes más felices. Además, aquí estaremos nosotras para ayudarlo. En lo que sea necesario, ahí estaré. —Me alegra oírlo, hija. No lo dudo. No podría hacerlo sin tu ayuda, porque los  problemas que nos aquejan son muchos y su figura quizá sea cuestionada por nuestros propios asociados. Nos nece...