XXXVI
Los guardias comandados por Torres vencieron rápidamente el asombro y acudieron a cubrir a Daniel. No podían separar a su hermana del cuerpo, por lo que el jefe de guardias decidió trasladar a ambos a una habitación contigua. Cala, que durante la asunción había estado en una posición privilegiada por pedido expreso de Felicidad, logró abrirse paso hasta la comitiva que transportaba, en medio del caos, al Gestor General que no llegó a serlo. La hermana, en medio de su desesperación, alcanzó a verla y forcejeó con los guardias hasta que pudo tomarla con fuerza de la mano y arrastrarla junto a ellos a la habitación. Felicidad miró a Torres y, con firmeza, le ordenó: —Que no entre nadie. En especial, Diana. Iba a desoír la orden de la joven para no contradecir a la Gestora General, cuando sus ojos se cruzaron con los de Cala. Su hija lo miró a los ojos con determinación y le dijo: —Fue la Gestora. Necesitamos todo el tiempo que pueda darnos. Torres vio en su hija a otra persona...